Palabras sanguinolentas

Ella es una voz infinita,
no es luz en la sombra ni fuego que consuela.
Más bien pesadilla recurrente que tortura y consume,
aún así, el amor que muchos anhelan.

Hace tanto que se fueron los cielos azules,
el aire fresco de la tarde y las risas de las muchachas;
hoy solo quedan nubes negras y sus palabras sanguinolentas.

Ella es voz infinita
belleza maldita
pena y lujuria
locura dormida.

Voy por el camino de las consciencias perdidas,
pisando cráneos, pensando en frases muertas,
todo para volver a escuchar cuánto me desprecias.

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3 clases de escritores según Vladimir Nabokov

“La literatura es invención, la ficción es ficción.” Vladimir Nabokov

Para el autor de Lolita, la literatura no nació el día en que un chico llegó corriendo y gritando “el lobo, el lobo”, con un enorme y feroz lobo mordiéndole los talones; la literatura nació el  día que el muchacho llegó gritando “el lobo, el lobo”, sin que nada le persiguiera en realidad.

Que al final, el joven terminara devorado por un lobo debido a que nadie creyera más él, para el autor ruso es mero accidente, dado que entre el lobo del bosque y el del cuento del chico existe un incandescente término medio, y éste prisma,  de acuerdo a Vladimir Nabokov es el arte de la literatura.

Él también estaba convencido de que una obra de arte es la creación de un mundo nuevo, es decir, sin importar que la historia se desarrolle en la Inglaterra Victoriana, la Europa Medieval o durante la Revolución en México, esos serán nuevos mundos, reinventados por el autor en su obra.

Asegura también que todo gran autor es un gran embaucador, al igual que la tramposa naturaleza, que cuenta con todo tipo de sistemas de engaño, como el camuflaje de los animales, por ejemplo. El autor literario solo sigue el ejemplo de la naturaleza.

Por tanto, para Nabokov existen tres formas de abordar a un escritor al analizar un texto, de igual forma, son tres los papeles que un autor puede asumir para contarnos su historia; por tanto,  de los autores como de nuestra forma de aproximarnos a ellos, dependerá si en nuestras manos tendremos acceso a una obra intrascendente o a una genuina obra de arte.

Número 1: El Narrador.

De él, según Nabokov obtenemos simple y llano entretenimiento, empatía con los personajes, conocemos a través de sus palabras lugares remotos o extraños, incluso de otro tiempo. Pero nada más.

Número 2: El Maestro.

Este escritor es propagandista, moralista, profeta… Ofrece o se acude a él por formación moral, conocimientos o solo por simples datos.

Número 3: El Encantador.

Nabokov decía que las grandes novelas son grandes cuentos de hadas. Para él, el mundo es la materia prima del arte.

Un autor original siempre inventa un mundo original, es decir, el encantador, moldea mundos y hace girar planetas.

Al ofrecernos estas 3 clasificaciones, Vladimir Nabokov nos dice que somos los lectores quienes debemos conectar con la magia y el genio de los grandes escritores; estudiar su estilo, las imágenes y esquemas de sus obras.

Dado que un escritor sin talento no desarrolla un estilo literario o de algún valor, en el mejor de los casos, conseguiría un mecanismo artificioso, carente de toda chispa divina.

Este último párrafo me hace pensar en el infinito número de obras que la era digital nos ofrece, de los autoproclamados autores, con una gran cantidad de títulos en oferta. Sin olvidar a los artífices de las grandes sagas de moda; cuyas obras parecen apegarse más a esquemas o diagramas, que al estilo y magia de la habla el autor de Pálido fuego.

En conclusión, Vladimir Nabokov  estaba convencido de que no se puede enseñar a nadie a escribir a menos que posea ya, talento literario.

¿Ustedes qué opinan?

 

Fuente: Vladimir Nabokov: Curso de literatura europea. RBA Libros, 2010.

La construcción de un poema

A una semana del Día Mundial de la Poesía, comparto aquí la métrica que prefiero para construir un poema.

-La Lira, por sus estrofas de cinco versos entrelazando heptasílabos con endecasílabos. Rimando el primer verso con el tercero y el segundo con el cuarto y el quinto. Es decir: 7a, 11B, 7a, 7b, 11B.

Opto por ésta a razón del ritmo que, me parece, se crea con la combinación de versos de arte mayor y arte menor, que me agrada bastante.

– Otra combinación que utilizo sin saciedad es el Terceto.

Este es una estrofa de tres versos endecasílabos y en su rima, por lo usual consonante, se parea el primero con el tercero, dejando el segundo verso libre.

Conforme crece la longitud del poema que se elabora con la unión de tercetos, recibe el nombre de terceto encadenado. De esta forma, el segundo verso se convierte, entonces, en la pauta de la rima que se utilizará en la siguiente estrofa y así de forma sucesiva, hasta lograr la longitud deseada.

Su rima es así: 11A, 11B, 11A. 11B, 11C, 11B. 11C, 11D, 11C…

Para dar cierre utilizo la regla del Serventesio con la llave 11Y, 11Z, 11Y, 11Z o el canon del Serventesio, adicionando un pareado: 11X, 11Y, 11X, 11Y, 11Z, 11Z.

Ahí tienen mis dos herramientas métricas para elaborar poemas, quiero conocer las suyas, espero me las compartan.

Festejemos este mes leyendo y haciendo poesía.

De un escritor a otro

Si toda una vida puede pasar en un instante, treinta días han sido apenas un parpadeo.

Este año estuve determinado a participar en el National Novel Writing Month (NaNoWriMo), es decir, crear toda una novela en sólo cuatro semanas.

Durante noviembre (siempre en noviembre) miles, millones de aventureros de todo el mundo se unen a esta búsqueda del santo grial de las letras; conseguir al final del periodo estipulado, plasmar en un documento al menos cincuenta mil palabras, que serán el cuerpo y alma de su creación.

Desde luego, crear algo desde la nada y finalizarlo en tan poco tiempo es algo que pienso, debe ser privilegio de genios. Aunque quizá  – pensé – no sea tan imposible para mí de lograr esta vez. Por tanto, me convencí de que no estaría mal hacer un poco de trampa; para expresarlo en otras palabras, desarrollaría una idea que ya había trabajado, sólo en mí mente desde hace un tiempo y con eso ahorrar y aprovecha tiempo, por lo que ese mismo primero del mes, comencé.

¡O fortuna! Las cuatro semanas del mes de noviembre se esfumaron en un abrir y cerrar de ojos y supongo, está por demás confesar que fallé en mi cruzada personal.

En retrospectiva me he dado cuenta que no pude vencer viejos hábitos de trabajo que me retrasan y frustran – al momento de escribir y que se supone, este mega maratón me ayudaría a dejarlos atrás – como editar y re editar sobre la marcha, o distraerme con facilidad. Si bien no deje de maquilar ni un solo día la trama y sus posibles hilos conductores, aspecto en el que siento, sí prosperé; la verdad es que en el papel no pude ir más allá de las mil ciento cincuenta palabras.

No ha sido fácil, escribir no debe ser sencillo, en la comunidad NaNoWriMo te animan a escribir sin parar, a volcarte de lleno sobre el teclado sin pensar en editar, pero eso fue algo que simplemente no pude hacer, no es que no lo haya intentado, pero simplemente, cada vez que lo hacía, terminaba en el callejón sin salida de la incoherencia.

Esta vez no fui capaz de vencer a mis demonios, ni liberarme de las cadenas a las que suelo auto apresarme al momento de escribir, tampoco pude dejar de prestar atención a los asuntos vánales a los que como todo simple mortal estoy atado y obligado; aunque sí he logrado cierto avance; y a pesar de que ya se ha marchado noviembre, no cejaré en la batalla, he ganado en disciplina y, hacer novela (cuento, ensayo, poesía) estoy cada día más convencido, es como la vida, es decir, el proceso o el viaje es tan importante como el resultado o destino, por algo así lo expresa Hemingway en El viejo y el mar, obra en la que muchos coinciden, hace alegoría a su proceso creativo.

No estoy en posición de brindar consejo, esta que has leído (y te agradezco por eso) es sólo mi experiencia, espero pueda serte útil. Te invito a que el próximo año te aventures conmigo en una nueva expedición buscando conseguir lo sublime y a que, como yo,  compartas tu experiencia.

Por otro lado, desde ese momento y primer día de un nuevo mes, continuaré en beligerancia y así me convierta en un monje, asceta o paria; no voy a detenerme hasta terminar esta que he comenzado y tras ella una más, y después otras y así hasta que las fuerzas no me permitan ni un suspiro más.

Determinación ha sido mi recompensa y a partir de ahora, mi nombre.

Algunas Consideraciones sobre Literatura

Leer no te da la capacidad de escribirMe gusta escribir y por eso lo hago.

Palabras más, palabras menos, pero de esta forma, en un post anterior quise dejar en claro mi lema, mi estandarte.

Lo retomo ahora ya que hace un par de días leí un artículo, el cuál afirma que:

En México coexistimos 7 millones 200 mil escritores. Este dato incluye a quienes dicen haber escrito desde un poema hasta todo un libro. Pasando desde luego por aquellos escritores celosos de su trabajo y que no permiten que nadie lo lea, por nada del mundo. Hasta los amateurs (que si publican pero nadie los lee) y profesionales (que viven de escribir).

El autor del artículo genera debate al respecto aludiendo que en la mencionada encuesta únicamente el 27% de los mexicanos dijo haber leído un libro en los 365 anteriores al censo, por lo que en nuestro país se tendría un escritor por cada 4.5 lectores.

El número de lectores en México, dice el columnista, es una nimiedad comparado de forma directa con el porcentaje de países como:

España 59%

Francia 71% y

Gran Bretaña 82%

De los números arriba mostrados concluye que: “Quienes escriben de hecho son los mismos que leen. Pero bien puede ocurrir que todos o muchos de quienes declararon haber escrito esos poemas, cuentos y novelas no hayan tenido la precaución de leer nada nunca, ni siquiera lo que escribían”.

Algunas consideraciones sobre literatura

Aquí es donde no estoy de acuerdo con el articulista.

En mi opinión no es necesario ser un devorador de libros para ser capaz de escribir un cuento, un relato, un poema, una nota informativa o este mismo post. Ya que escribir no es igual a hacer literatura y me atrevo a decir que hoy en día, la mayoría de los escritores profesionales, es decir, que viven de sus textos, no hacen literatura (dejando a un lado a las vacas sagradas de las letras: Los Vargas Llosa, los García Márquez, los Fuentes [†] etcétera), ni en México ni en el mundo.

No todos los escritores profesionales hoy, hacen literatura

Otro punto sobre hacer o no literatura, es el monetario. Me parece que tal vez Stephenie Meyer (autora de la saga Crepúsculo) o  E. L. James (creadora de la controversial 50 sombras de Grey) viven sin preocupación con respecto a las críticas hacia sus obras, que desde luego no son literatura pero que generan millones de dólares estadounidenses al año. Y no necesitaron memorizar al Ingenioso Hidalgo o El Aleph, ni mucho menos haber leído a Dickens.

Entonces díganme, sinceramente qué autor no quisiera ganarlos por escribir algo inculto, algo que no haya sido producto de la vorágine de grandes libros de los que se ha nutrido toda su vida.

Es decir, leer es un placer pecaminoso, claro que si te encuentras leyendo esto, es porque tienes esa excelente costumbre. Pero mi punto es que no por haber leído poco o mucho, es literatura lo que escriba en esta etapa de mi vida, por ejemplo.

Pienso que no por leer todos los clásicos antiguos o las grandes novelas modernas completas, puede alguien, hacer literatura.

Sólo escribiendo se puede llegar a hacer literatura. (para eso hay muchos consejos de los grandes en este blog aquí)

Porque como bien han dicho los grandes escritores, escribir es un oficio y tal cual se domina cultivándolo. Un carpintero por ejemplo, no elabora finos muebles de hermosos y complejos detalles sólo por el hecho de leer manuales. Lo consigue tallando y lijando la madera, cortando, serruchando. Así como con clavos y martillo.

Pero en fin, me gustaría saber si están de acuerdo conmigo o cuál es su posición en este aparente debate.

Renuncia a ti mismo, toma tu cruz, y sígueme

Escribir es conquistar la inmortalidad.

Escribo porque me gusta.

Por otro lado, siempre he soñado con ganarle la partida a la muerte, así que ¿Por qué no?

Con pluma y tinta moriré tratando de conquistar la inmortalidad.

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Un blog de Joaquín Moreno sobre recursos, literatura y ciencia ficción

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